Ejercicio físico y Osteoporosis

osteoporosis

¡Sea proactiv@, combata la osteoporosis!

En la literatura médica se suele aceptar que el sedentarismo conlleva una disminución de la masa ósea y que la práctica de ejercicio  físico es esencial para  ayudar a combatirla. Se  estima  que  la  padecen  unos  75 millones   de   personas   en   Europa,  Estados  Unidos  y  Japón.  Aunque  es más   frecuente   en   mujeres,   también los    hombres,    sobre    todo    de    edad avanzada, pueden padecerla.

En España, aproximadamente 2  millones     de     mujeres     padecen osteoporosis,  con  una  prevalencia  en la población postmenopáusica del 25% (1  de  cada  4).  Ocasiona  unas  25,000 fracturas    cada    año,    que    resultan en   unos   costes   directos   de   más   de 126  millones  de  euros  y  unos  costes indirectos de 420 millones. La   repercusión   socio-sanitaria   de   la osteoporosis  es  enorme  y  se  mide  en términos de incidencia de las fracturas. Aproximadamente 1 de cada 3 mujeres y  1  de  cada  5  hombres  mayores  de  50 años,  sufrirán  al  menos  una  fractura osteoporótica   en   su   vida   restante.

Para situar  el  problema  en  su  contexto  adecuado debemos   tener   en   cuenta   que   un   13%   de   los pacientes  que  han  sufrido  una  fractura  de  cadera fallece  a  los  3  meses,  una  cifra  que  asciende  al 38% si el seguimiento alcanza los 24 meses. De los supervivientes,  un  porcentaje  elevado  sufre  algún tipo  de  discapacidad,  que  en  muchas  ocasiones provoca  la  pérdida  de  la  independencia  previa  al evento.

Es imprescindible  concienciar  a  la  población  de la   magnitud   del   problema   y   asumir   medidas preventivas  eficaces  para  evitar  que,  si  continua  la situación ascendente actual (en el periodo comprendido entre 1988 y 2002 hubo un incremento del 54% en los nuevos casos de fractura de cadera), en el año 2050 se producirá un incremento en la incidencia de fracturas de  cadera  estimado  de  un  310%  en  hombres  y  de  un 240% en mujeres. La gran mayoría (casi el 80 %) de las personas con mayor  riesgo  de  fracturas  (sobre  todo  los  que  han tenido ya una fractura previa, vertebral o no vertebral) no es identificada y tratada.

El riesgo de padecer fracturas osteoporóticas puede disminuirse si se obtiene un capital óseo adecuado en la juventud (pico de masa ósea) y se mantienen niveles adecuados de contenido mineral óseo con el paso del tiempo. La pérdida de hueso comienza a prevenirse en la adolescencia, incrementando el pico de masa ósea, combinando una dieta que contenga la cantidad de calcio y proteína necesaria junto con la práctica habitual de ejercicio físico que implique impacto articular controlado. De este modo, la masa ósea aumentará de modo progresivo, dentro de unos condicionantes genéticos, hasta llegar a un límite que sea capaz de proteger al tejido esquelético de bastantes acontecimientos estresantes.

La mala alimentación (alcohol, tabaco, azúcar, sal, harinas refinadas, productos procesados, bebidas carbonatadas…), el escaso ejercicio físico (no prescrito correctamente por un profesional especializado), el consumo no responsable (abuso) de fármacos (glucocorticoides orales, L-Tiroxina, heparina, quimioterapia, inhibidores de la aromatasa, metotrexato, antidepresivos etc…) y la menopausia son los principales factores que favorecen la aparición de la osteoporosis.

Si estimulas correctamente tu esqueleto a través del movimiento, se desencadenará un proceso de adaptación y con ello una estructura más fuerte aumentando así la densidad mineral ósea. Por tanto el ejercicio físico desempeña un papel fundamental en la prevención primaria (riesgo de) y secundaria (tratamiento) de la osteoporosis, con la consecuente mejora de la capacidad funcional en las actividades de la vida diaria y laboral.

“Entrenamiento con sobrecarga en la reducción de la masa ósea”

¿Qué tipo de entrenamiento es más seguro, eficaz y efectivo?

Nadar, bailar, pilates, bicicleta estática….todas ellas son tipos de ejercicio cardiovascular por lo general de intensidad baja/moderada beneficiosos sobre varios indicadores de salud, incluyendo afecciones cardiovasculares, diabetes mellitus, insuficiencia respiratoria crónica, enfermedad renal crónica, deterioro cognitivo y algunos cánceres, entre otros.

Sin embargo existe abundante evidencia científica que afirma que la combinación de un programa de entrenamiento de fuerza y cardiovascular produce aumentos en la densidad mineral ósea y disminuye el riesgo de fracturas. Así la variable intensidad es un factor importante en el proceso de remodelación ósea. Dicho programa incluirá por un lado un entrenamiento de fuerza muscular utilizando una metodología en circuito con ejercicios multiarticulares que movilicen grandes masas musculares de los miembros superiores e inferiores donde las fuerzas mecánicas que actúen sobre el hueso hagan hincapié en cargas axiales de tracción y compresión (“tirar y empujar”), aplicadas siguiendo el principio de sobrecarga progresiva y especificidad; entrenamiento cardiovascular con pequeños microimpactos controlados, por ejemplo carrera en el agua hasta que te cubra a la altura del ombligo reduciendo así el peso corporal,  siendo un poderoso estímulo en el proceso de remodelación ósea.

Finalmente, decir que no existe un tipo de ejercicio físico que pueda ser recomendado de manera generalizada. Ponte en manos de profesionales del ejercicio especializados para poder individualizar tus objetivos a corto, medio y largo plazo, atendiendo a tus necesidades y preferencias personales, con el fin de establecer un estilo de vida saludable que incluya la adherencia al ejercicio físico como medicina para incrementar o mantener la densidad mineral ósea y la prevención en el desarrollo de otras enfermedades crónicas.

Fuentes bibliográficas:

– Aguilar J, Santos F J, Usabiaga T, Renau E , San Segundo R , Gálvez S. Ejercicio físico y prevención de la osteoporosis. Revisión. Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario de Tarragona Juan XXIII. Facultad de Medicina de la Universidad Rovira i Virgili.

-Crespo-Salgado J, Delgado-Marín J, Blanco-Iglesias O,  Aldecoa-Landesa S. Guía básica de detección del sedentarismo y recomendaciones de actividad física en atención primaria. Aten Primaria. 2015; 47(3) :175-183.

-Cuesta Hernández  M , Calle Pascual A L. Beneficios del ejercicio físico en población sana e impacto sobre la aparición de enfermedad. Endocrinol Nutr. 2013;60(6):283—286

-Escalante M, Franco-Vicario R. Deporte y masa ósea. REEMO 2003;12(4):80-2

-Blog G-Se Osteoporosis y Ejercicio.

-http://www.dmedicina.com/enfermedades/musculos-y-huesos/osteoporosis.html

-https://www.iofbonehealth.org/sites/default/files/PDFs/know_and_reduce_your_risk_spanish.pdf

Irisina, la hormona de la actividad física

irisinaDe todos es sabido que hacer ejercicio no sólo es saludable para los músculos, sino para todo el organismo. Mejora la circulación y la oxigenación de los tejidos, contrarresta los efectos devastadores del sedentarismo, disminuye el estrés, aumenta la autoestima, ayuda a combatir el sobrepeso y la obesidad y un sinfín de beneficios incalculables para la salud. Está claro que si el ejercicio físico se pudiera recetar se convertiría en el fármaco más vendido en todo el mundo. Pero hasta ahora no se sabía quién era el responsable de que la actividad física mejore el metabolismo, además de la masa muscular.

Un gran descubrimiento de investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.), publicado este mismo mes en la prestigiosa revista “Nature”, ha desvelado los secretos que hacen posible la conexión entre el tejido muscular y la grasa: se trata de una hormona que ayuda a quemar calorías con eficiencia, incluso cuando ya se ha acabado de hacer ejercicio.

Administrada como fármaco, podría mejorar la salud de personas con diabetes u obesidad. Tan llamativo es el efecto de esta hormona que sus descubridores la han llamado Irisina, en referencia a la diosa griega Iris, la mensajera de los dioses. Estamos, sin duda, ante un hallazgo sin precedentes.

Los reveladores experimentos han demostrado que, a partir de la proteína PGC1-alfa, cuando se practica actividad física, en el músculo se segrega la hormona Irisina, que llega a las células del tejido adiposo blanco a través de la sangre, siendo capaz de transformarlo en tejido adiposo marrón.

¿Y por qué este cambio fisiológico puede ser tan importante?

El tejido adiposo blanco (o grasa mala), en exceso, es perjudicial para la salud, ya que segrega sustancias inflamatorias que aumentan el riesgo de numerosas patologías, entre ellas la temible patología cardiovascular, la que causa más muertes en las sociedades occidentales. La hormona Irisina puede convertir estas células grasas en tejido adiposo marrón o (grasa buena), al  ser un tejido metabólicamente activo.

Cuando se inyecta la hormona en ratones obesos, su metabolismo se vuelve más eficiente, de modo que queman más calorías incluso manteniendo la misma ingesta de alimento y mismo nivel de ejercicio físico que antes; por lo que podría ser eficaz para el tratamiento de la obesidad. Asimismo, los roedores inyectados mejoraron el control de su nivel de azúcar en sangre, con lo que la Irisina podría resultar eficaz también para el tratamiento de la diabetes.

Con estos asombrosos resultados, una empresa farmacéutica ya está trabajando para desarrollar un fármaco a partir de esta hormona, que esperemos que dentro de unos años nos ayude a mejorar la salud de nuestra población.

Lo que sí que está claro es, que de momento, se ha vuelto a demostrar que la mejor manera de luchar y activar el metabolismo es practicando ejercicio, ¡practicando SALUD!

El director de la investigación, Bruce Spiegelman, afirma que sus próximos objetivos se van a centrar en estudiar qué tipo de actividad física produce más cantidad de esta milagrosa hormona, pues las personas sedentarias tienen menos Irisina que las personas activas.

Nunca antes habíamos estado tan cerca de los misterios de la actividad física. La conquista de la salud ya no tiene freno.

 

Fuente: AEFA