Inducción Miofascial

Redes WB INDUCCIÓN MIOFASCIALEn primer lugar hemos de hacernos una pregunta: ¿Qué es la fascia? Probablemente no sea la primera vez que escuchemos esta palabra, y sin embargo no seamos capaces de ubicarla dentro de nuestro cuerpo.

La fascia es el tejido conectivo, que envuelve los músculos huesos y articulaciones, protegiéndolos, manteniendo la estructura de cuerpo unido y dándonos la forma que tenemos. Podríamos imaginarla como un amplio traje interconectado e ininterrumpido, que envuelve y relaciona  todas las estructuras, músculos, huesos, nervios, vasos, y órganos  permitiendo su correcto funcionamiento debajo de nuestra piel. Además es el material responsable de formar las adherencias y el tejido de cicatrización.

Debido a que el sistema fascial es continuo, cualquier lesión del mismo puede producir dolor y disfunción en otra región del cuerpo, por ejemplo, una lesión a nivel cervical puede repercutir sobre el codo o la muñeca.

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La disfunción fascial puede ser provocada por cualquier tipo de traumatismo en un amplio sentido de la palabra. Podemos referirnos a “traumatismo” tanto por un golpe o caída, como una cirugía, un mal gesto deportivo repetido o una postura inadecuada. Las disfunciones del sistema miofascial no tratadas correctamente y a tiempo llevan al paciente a un círculo vicioso de tensión y espasmo muscular, es decir, producen dolor y frenan la recuperación de la función. Cuando hay una afección directa o indirecta de la fascia el cuerpo busca compensaciones, para continuar realizando su función, estas compensaciones mantenidas por largos periodos de tiempo o frente a situaciones de esfuerzo crean sobrecargas que pueden convertirse en focos de lesiones específicas.

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Ahora que nos hemos aproximado a la fascia, podemos identificarla mejor y conocer los riesgos de lesión vamos a acercarnos a las técnicas de tratamiento o Terapias de Inducción Miofascial.

Estas técnicas forman parte de las terapias manuales y son un método de evaluación y de tratamiento de los movimientos y presiones sostenidas en todo el sistema fascial para así eliminar sus restricciones y restablecer la alterada función corporal.  La aplicación de las técnicas se puede definir como presiones sostenidas, posicionamientos específicos y muy suaves estiramientos.

¿Qué lesiones se benefician de este tratamiento?

Aunque las Terapias miofasciales abarcan un amplio abanico de posibilidades clínicas, es el aparato locomotor el que más se beneficia de su aplicación, destacando por su efectividad los tratamientos de:

  • Algias vertebrales (lumbalgia, cervicalgia, dorsalgia o ciáticas)
  • Disfunciones de origen tendinoso: túnel del carpo, codo de tenista, codo de golfista, tendinitis del manguito de los rotadores, pata de ganso, cintilla iliiotibial, etc.
  • Fibromialgia
  • Cefaleas de origen mecánico y alteraciones de la articulación de la mandíbula (ATM)
  • Tratamientos de recuperación postquirúrgica, y cicatrices.
  • Síndrome de latigazo cervical  (Whiplash)
  • Fascitis plantar

Si sufres de cualquiera de los síntomas anteriormente mencionados, consulta con nuestr@s fisioterapeutas en cualquiera de nuestr@s centros.

Lumbalgia – Dolor lumbar

Redes WB Lumbalgias sin bonos¿Qué es el dolor lumbar?

El dolor lumbar es aquel localizado entre el reborde costal inferior y los pliegues glúteos inferiores, con o sin dolor en las piernas. Pueden existir diferentes causas que produzcan este dolor: lesiones discales, fracturas, traumatismos directos o enfermedades sistémicas entre otras. Pero también puede aparecer dolor lumbar sin ninguna de estas causas, por lo que en este caso hablaremos de lumbalgia inespecífica.

A lo largo de la vida, hasta el 80% de la población va a sufrir dolor lumbar, y la mayor incidencia se presenta entre los 35 y 55 años. Debido a todo esto  la lumbalgia aguda supone un problema importante en nuestra salud y que necesita varios enfoques para prevenirlo o, una vez desarrollada, para tratarla.

  • Dolor agudo o lumbalgia aguda: es aquel en el que el dolor tiene una duración inferior a 6 semanas. Y la fase subaguda tiene una duración de 6 a 12 semanas.
  • Dolor crónico o lumbalgia crónica: supera las fases aguda y subaguda, y la duración del dolor supera las 12 semanas.

Prevención:

Lo primero es conocer la situación de nuestro aparato locomotor: si tenemos alguna desviación vertebral, si existe sobrecarga muscular en la zona, si tenemos una pierna más corta que la otra… Por lo que una valoración fisioterápica es importante.

La actividad deportiva también es muy importante en la prevención de la aparición de una lumbalgia. Al trabajar por un correcto tono muscular que permita mantener la postura adecuada en nuestras actividades diarias, o en el trabajo de la flexibilidad de nuestras articulaciones que evita rigideces, estamos ayudando a que nuestros gestos del día a día no sean un detonante de lesiones y dolores.

Además, una correcta higiene postural, sobre todo cuando nuestra vida diaria supone estar en una misma postura durante mucho rato o conlleva esfuerzos físicos por ejemplo, también es básica en la prevención de lesiones.

Tratamiento:

Una vez desarrollada la lumbalgia, es importante acudir al médico para un correcto diagnóstico y la prescripción de fármacos si lo ve necesario.

El calor local, aplicado con una manta eléctrica, una lámpara de infrarrojos o un saco de semillas o de gel calentado en el microondas, tiene un efecto analgésico muy útil en dolores de espalda. Y en la fase aguda también es importante evitar esfuerzos físicos, pero también el reposo absoluto, ya que ambas situaciones pueden empeorar la situación.

Tratamiento fisioterápico: el objetivo del tratamiento de fisioterapia es minimizar el impacto de la lesión, acelerando el proceso de recuperación, y ayudar en la comprensión de ésta y evitar recaídas.

En la primera fase buscamos reducir el dolor y el espasmo muscular, que puede ser causa o efecto de la lesión.

Poco a poco en la recuperación, se empieza con una actividad deportiva adaptándola a cada caso y con tratamientos de fisioterapia

Un correcto mantenimiento, que evite recaídas o que se desarrolle la lesión adelantándonos a ella, es con una sesión de fisioterapia cada tres semanas, buscando reducir sobrecargas musculares, bloqueos articulares u otras pequeñas restricciones.

Conclusiones:

La mejor arma que tenemos para combatir el desarrollo de una lumbalgia es la prevención, pero en el caso de que lleguemos tarde y ya tengamos dolor es importante comenzar el tratamiento lo antes posible para reducir su impacto en nuestras actividades diarias.