III Trail Menorca Cami de Cavalls 2014 en primera persona: Una experiencia única en 185 km

No hay quien le pare. Tras el Spartathlon de Atenas y el I Trail Running ‘Ciudad de Málaga’, Nicolas Kierdelewicz, Entrenador Personal en O2 Centro Wellness El Perchel, volvió a ponerse a prueba en el III Trail Menoca Cami de Cavalls 2014 el pasado mes de mayo.

Así fue la experiencia de este corredor de ultramaratones:

“Esta competición comenzó con la complejidad de conseguir vuelos desde Málaga que nos permitieran llegar a Menorca con margen para preparar la carrera. No pudo ser. Pero esto no nos empañó la alegría de poder competir en el Ultra Trail más largo de España. Serían 185 km recorriendo un camino de leyenda que rodea la isla, por donde pasaron piratas, soldados, aventureros y exploradores durante cientos de años.

Con pocas horas de sueño desayunamos con el resto de ultra corredores a las 7 de la mañana rápidamente para volver a la habitación y preparar todo lo necesario porque, en menos de 2 horas, estaríamos en la línea de salida. Esta carrera es de semi autosuficiencia, lo que significa que tendríamos que llevar encima todo lo necesario para sobrevivir durante el transcurso del camino. No te podían asistir. Solo dispondríamos de 7 avituallamientos durante el recorrido para ir recargando la mochila.

Como en todo Ultra Trail, rondaba muy buen ambiente en la plaza donde tomamos la salida. Después de algunos selfies de recuerdo, y unas palabras del speaker que también correría, sonó el megáfono que nos empujó entre aplausos y alientos.

Los primeros 18 kilómetros fueron sobre pura piedra con el mar a nuestra izquierda y viento de cara, muy difícil de correr. Antes del kilómetro 14 ya hubo dos caídas de corredores delante de mí.

Kilómetro 20 y primer avituallamiento dentro de un pueblo. Allí me recibió mi amigo Nacho, con el que correría al día siguiente los últimos 55 kilómetros del camino de caballos que estábamos recorriendo. Todo genial. Lo hice en poco más de 2 horas y con muy buenas sensaciones. Toda esta parte era preciosa: acantilados muy altos con el mar golpeando las piedras. Había sitios donde era muy fácil imaginar al barco pirata fondeado.

Durante estas primeras horas corríamos por la parte más difícil del recorrido. Mucho sube y baja y piedras donde era más difícil bajar que subir. Cuando llegábamos abajo teníamos que pasar corriendo por el medio de calas con arena donde se hundía toda la zapatilla, y volver a subir.

Así estuvimos durante unas 7 horas, en las que cubrí más de 60 kilómetros, y la cosa se empezó a poner un poco más akm50 favor de mis posibilidades: empezamos a correr por rutas planas y caminos sin piedras. En los siguientes 30 kilómetros pude ganar ritmo y soltar piernas, mientras iba cayendo el sol y me acercaba al importante puesto de avituallamiento y control de los 100 kilómetros.

Para llegar a Mahón, donde nos esperaban, cruzamos todo Es Castell. Estaba cayendo la noche cuando llegué: 12 horas y 30 minutos. El ambiente era de fiesta. Había dejado una bolsa con todo lo necesario para afrontar la noche. También me esperaba mi amigo y supporter, que me estaba siguiendo y viendo por los pocos puntos del recorrido que podía entrar con el coche. Su aliento y compañía ayudaban muchísimo.

Durante la parada, de 15 minutos, estuve comiendo y cambiándome de ropa para salir entre un montón de gente que mostraba su cariño al pasar justo al lado de ellos. En pocos minutos ya estaba corriendo por una carretera iluminada solo por la luz de mi frontal.

Después de varias horas, solo y ya inmerso en plena noche, por fin encontré otro corredor que, después de cruzar unas saliendo de los 100kpalabras, dejé atrás. Y ya entrados en la madrugada, comencé a tirar con otros dos, aunque en una situación de lo más rara
que me suele pasar en las carreras de Ultra distancia: no corríamos uno al lado de otro. Aunque hablábamos y comentábamos cosas, corríamos siempre a algunos metros de distancia. A veces iba delante del trío, otras veces detrás. Es por lo menos curioso que, después de más de 15 solitarias horas, le demos más valor a seguir nuestro propio ritmo que a correr acompañados.

Durante una hora en la que nos fuimos separando, quedando otra vez solo entre medio de ese juego de ritmos, en algún momento de la noche, bajando hacia una calita iluminada por la luz de la luna y solo en ese mundo vacío, comenzó a sonar en mi iPod el piano de una canción, con el ruido del mar de fondo acariciando la orilla, lo que me hizo sentir muy bien. Una canción antigua, una canción de amor y revolución. Fue un momento mágico.

Pasaban las horas siguiendo las marcas reflectantes del camino y lo que tenía para comer en la mochila no me apetecía nada. Hacía frío y tenía ganas de algo más que barritas. Además, calculé mal y no llevé el suficiente alimento líquido, y a falta de unos 10 kilómetros para el que sería el siguiente avituallamiento, tomé un gel. En unas 3 horas de carrera por la noche, con frío y unos 120km en las piernas, solo había tomado eso: grave error. A 3 kilómetros para poder comer bien me empecé a marear y a no poder correr en línea recta. Empezamos a subir unas cuestas donde casi tenía que usar las manos para poder avanzar. Pensaba que no iba a llegar. Más adelante me enteré que antes de que yo pasara por allí, habían sacado con hipotermia a otro corredor en esa mismo zona.

Por fin, ya en el avituallamiento, me senté y me tomé mi tiempo. Caldo caliente, recuperante, bocadillo de jamón y queso que no pude tragar y un par de refrescos de cola antes de salir. ¡Reviví!

Algunas horas después las primeras luces del día empezaban a asomar y el sueño volvía a aparecer. Peleando conmigo mismo para seguir despierto, el sol me avisaba que tendría que estar durmiendo. Hacia horas que no me cruzaba con nadie y mientras avanzaba la mañana empezaba a ver algún ciclista madrugador, mientras atravesaba playas de arenas finas y blancas.

Llegué al penúltimo avituallamiento faltando 20 kilómetros para la meta. Había dos personas encargadas y otras dos de la Cruz Roja. El sitio era precioso. Casi los envidiaba por no tener que seguir corriendo, pero solo 5 minutos de charla, refresco de cola y galletas saladas me detuvieron.

Alrededor de 1 hora y media después llegué al último control entrando a Ciudatella por el lado sur. A partir de aquí quedaban 5 kilómetros de piedras (llamadas “el infierno”) y 6 kilómetros de zigzag por la ciudad. Los tobillos y los pies me dolían mucho y en esta última parte de piedras me terminé de hacer una ampolla en cada planta que casi no me dejaba apoyar.

Tenía mucho ánimo, las piernas respondían pero no podía correr por el dolor de los pies. Me lo tomé con calma y despacito fui cubriendo los últimos kilómetros. Una hora después, casi entrando en desesperación por no saber cuanto faltaba, vi a dos chicas de la organización que, como a unos 200 metros, empezaron a alentarme sin parar hasta que llegué a ellas y me hicieron girar en una esquina que me mostró la meta.

Entre alegría y alivio fui avanzando viendo muy poquita gente, pero los que estaban me recibieron con los brazos abiertos, literalmente. Gritos de aliento y admiración, aplausos y choques de manos me hicieron sentir entre amigos.

Mi tiempo oficial fue de 28h y 39min, en el puesto 15 de la clasificación general y 8º en mi categoría. Mera anécdota dentro de la enriquecedora experiencia que viví, puesto que para contarlo todo me harían falta muchas más líneas que estas”.

llegada

Toda una experiencia que dejó grabada en pequeños vídeos realizados durante el recorrido: http://youtu.be/oAjOkIPVnBk

Enhorabuena de nuevo, Nico!

O2 Centro Wellness El Perchel

Calle Plaza de Toros Vieja, 5
29002 – Málaga
Telf. 952 36 39 00

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